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Combate de la pobreza en la infancia baja un 25 % la posibilidad de que jóvenes cometan delitos

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Investigadores de Brasil efectuaron un seguimiento de 1.905 niños durante siete años y analizaron 22 factores de riesgo que pueden tener impacto en el desarrollo humano.

Según los científicos, su investigación revela que la pobreza en la infancia ha sido el único factor de riesgo significativamente asociado a la delincuencia posterior entre jóvenes.

El combate de la pobreza durante la infancia podría disminuir casi un 25 % las probabilidades de que los jóvenes cometan delitos, de acuerdo con una investigación realizada en Brasil y publicada en la revista Scientific Reports. Una de las innovaciones de este estudio reside en el método aplicado: se analizaron 22 factores de riesgo que pueden tener impacto en el desarrollo humano y se les efectuó un seguimiento a más de 1.900 niños (as) durante un lapso de siete años, hasta que llegaron a la juventud.

Los (as) científicos (as) arribaron a la conclusión de que una medición amplia de la pobreza, que comprendía una baja escolaridad del jefe (a) de familia, bajo poder de compra y un limitado acceso a los servicios básicos, fue el único factor relacionado con la delincuencia que podría prevenirse. Este cálculo se basó en el denominado PARF (las siglas en inglés de factor de riesgo atribuible en la población), que indica una posible disminución del involucramiento delictivo en caso de que exista una intervención precoz exitosa sobre los indicadores de riesgo detectados en la infancia.

En un escenario sin pobreza, podría haberse evitado un 22,5 % de los casos delictivos entre jóvenes. Por otra parte, las exposiciones perinatales, tales como los embarazos no planificados, la prematuridad, los hijos  de madres fumadoras o de consumidoras de alcohol no arrojaron ninguna relación con los delitos futuros.

“Es necesario tener una perspectiva integral de los (as) jóvenes que ingresan en el terreno de la delincuencia, a los efectos de intentar entender las circunstancias que los llevan a esta situación. Por eso intentamos tener en cuenta diversos factores que pueden prevenirse”, explica la investigadora Carolina Ziebold, del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), y autora principal del artículo. Ziebold contó con el apoyo de la FAPESP durante su doctorado y también fue adjudicataria de una beca Joven Talento Investigador, del Programa de Internacionalización de la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (CAPES), una agencia ligada al Ministerio de Educación de Brasil.

Para el profesor de la Unifesp Ary Gadelha, director de tesis de Ziebold y coautor del artículo, una de las improntas de este estudio radicó en el empleo de una medición compleja de la pobreza, que fue más allá de los ingresos familiares. “El análisis de las condiciones de vivienda y de acceso a las políticas públicas constituye una forma más completa de entender la pobreza. Esto nos lleva a señalar que la solución no pasa únicamente por la mejora de los ingresos. La serie de adversidades que enfrentan esos niños se traduce en la vida adulta en una mayor dificultad de acceso al empleo y en un nivel educativo más bajo, entre otros problemas”, afirma Gadelha en diálogo con Agência FAPESP.

La investigación se valió de un abordaje epidemiológico denominado “estudio de asociación amplia”, que se emplea bastante en genética con el nombre en ingles de Genome Wide Association Studies (GWAS), pero que es escasamente aplicado para la delincuencia. Este método matemático explota una amplia gama de exposiciones potenciales relacionadas con un mismo resultado, mediante un abordaje libre de hipótesis. En este caso, los (as) científicos (as) trabajaron con las múltiples exposiciones modificables –perinatales, individuales, familiares y escolares– asociadas a la delincuencia juvenil para identificar nuevos blancos potenciales en la prevención de este fenómeno. Cuando se apunta un factor de riesgo significativo, como lo fue en el caso de la pobreza, este puede ser objeto de políticas de prevención.

Otra investigación también a cargo de Ziebold con la misma cohorte y publicada en diciembre de 2021, ya había demostrado la existencia de una asociación entre la pobreza infantil y una mayor propensión a desarrollar trastornos mentales externalizantes en la juventud, especialmente entre mujeres. Los investigadores arribaron a la conclusión de que la pobreza y la exposición a situaciones estresantes, entre ellas muertes y conflictos familiares, constituyen factores de riesgo evitables que deben enfrentarse en la infancia para disminuir el impacto de posibles trastornos mentales durante la edad adulta (lea más en: agencia.fapesp.br/37897/).

LOS RESULTADOS
En el artículo, el grupo de investigadores destaca que si bien pobreza en la infancia ha sido el único factor de riesgo significativamente asociado a la delincuencia entre jóvenes, la mayoría de los pobres al comienzo del estudio no se involucraban con la delincuencia. “Una preocupación fue la de no criminalizar la pobreza y más bien mostrar que esta es un fenómeno complejo; y que la exposición de los individuos a esta situación en el transcurso de sus vidas genera una tragedia social. El fenómeno de la delincuencia es una cuestión social y es posible que la mera sanción en el caso de los jóvenes no resulte adecuada. Es necesario generar posibilidades reales de rehabilitación y brindar oportunidades de vida”, añade Gadelha.

Fueron entrevistados 1.905 participantes, tanto en la línea de base (con edad promedio de 10 años) como en la evaluación realizada siete años después (edad promedio de 17,8 años). De ese total, entre los jóvenes el 4,3 % informó sobre su accionar delictivo. Entre los tipos más comunes de delitos cometidos se encuentran el robo, el narcotráfico y delitos violentos que incluyeron un homicidio y un intento de homicidio.

Estos (as) participantes corresponden al Estudio Brasileño de Cohorte de Alto Riesgo de Trastornos Psiquiátricos en la Infancia (BHRC), una investigación de base comunitaria que desde 2010 sigue a 2.511 familias con niños (as) y jóvenes, en ese entonces con edades de entre 6 y 10 años, de las ciudades de Porto Alegre y São Paulo, ambas capitales de estados brasileños. Los mismos participaron en tres etapas de evaluación, la última entre 2018 y 2019. Y una nueva etapa que empezó este año culminará a mediados de 2024.

El BHRC, también conocido como Proyecto Conexión – Mentes del Futuro, está considerado como uno de los principales seguimientos sobre riesgos de trastornos mentales en niños y adolescentes desarrollados en la psiquiatría brasileña. Se encuentra a cargo del Instituto Nacional de Psiquiatría del Desarrollo para la Infancia y Adolescencia (INPD), y cuenta con el apoyo de la FAPESP y del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), vinculado al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. El coordinador general del referido instituto, con sus más de 20 universidades brasileñas e internacionales participantes, es el profesor del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FM-USP), Eurípedes Constantino Miguel Filho.

LOS IMPACTOS
Un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) dado a conocer en marzo de este año mostró que los niños  y los adolescentes siguen siendo los (as) más afectados por la pobreza en Brasil: son el doble en comparación con los adultos. Entre el 35 % y el 45 % de los niños y jóvenes brasileños, dependiendo de la franja etaria, vivía con menos de 5,50 dólares por día en 2020. Se considerada que la pobreza extrema (vivir con menos de 1,90 dólares diarios) afectaba a alrededor del 12 %.

Asimismo, al final de 2021, la inseguridad alimentaria alcanzó un récord en Brasil, superando el promedio global y afectando más a las mujeres, a las familias pobres y a personas de entre 30 y 49 años. Según datos dados a conocer por el Centro de Políticas Sociales de la Fundación Getulio Vargas (FGV Social), esta tasa pasó del 17 % en 2014 al 36 % el año pasado, cuando el promedio global fue del 35 %. “Sabemos que los impactos económicos de la pandemia aún no se han sentido en su totalidad en lo atinente a la inseguridad alimentaria, a la falta de acceso a las escuelas. La exposición de los niños a adversidades se sentirá todavía en el futuro”, dice Ziebold.

La investigadora destaca aún serán necesarios otros estudios para entender de qué manera las vulnerabilidades de los lugares en donde viven los niños pueden tener influjo sobre la delincuencia ejercida por jóvenes. “Este tipo de factores se ha observado en investigaciones realizadas en otros países como Estados Unidos de América, en donde aumentan las probabilidades de que los jóvenes cometan delitos cuando viven en barrios sin estructura o con pandillas. Este debe ser un tema para nuevas investigaciones.” El Sistema Nacional de Atención Socioeducativo (SINASE) atendió en Brasil a alrededor de 46 mil jóvenes en conflicto con la ley en el año 2019.