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Perspectivas económicas: “luces y sombras”

Colonesweb

Los primeros cuatro meses de este 2019 han finalizado, y con base en la última información disponible, se visualizan algunas luces y sombras para lo que resta del año.

Por el lado de las “luces” se tiene que:

· Los diferentes indicadores de precios lucen controlados; el aumento en el costo de vida (índice de precio al consumidor) en el último año no ha superado el 2%, asimismo, la cantidad de dinero requerida para adquirir la alimentación básica (canasta básica alimentaria) se ha reducido en casi un 2%. Por ahora, salvo algún incremento extraordinario en el precio internacional de los hidrocarburos, no se visualizan presiones importantes que puedan afectar el comportamiento de la inflación en el país.

· La situación fiscal luce bajo una “calma relativa”, el déficit del Gobierno Central a marzo es igual al del mismo periodo del año anterior (1,5% del PIB), la desconfianza es menor y en consecuencia, el valor del dólar ha alcanzado un “nuevo rango de equilibrio”, entre los 600 y 615 colones.

· Las tasas de interés internas permanecen al menos estables (luego de las presiones al alza que se dieron durante buena parte del 2017 y 2018), en concordancia con el relativo control fiscal y el menor crecimiento económico internacional previsto para este 2019 (difícilmente las autoridades monetarias de las principales economías aumentarán sus tasas de interés). Incluso, recientemente el Banco Central, con la reducción en su tasa de política monetaria, envió señales al mercado sobre cuál es el comportamiento deseado de esta variable.

Por el contrario, existen “sombras” relacionadas con:

· El ritmo de crecimiento: los datos al cierre de 2018 recientemente publicados por el Banco Central, muestran que ni el consumo de los hogares, ni el gasto del gobierno, ni la inversión, alcanzaron tasas de crecimiento anuales mayores al 2,5%, siendo el de la economía en su conjunto a penas del 2,7% (PIB real). Asimismo, los datos de corto plazo reflejan que a pesar de haber superado los efectos de la huelga de finales de 2018, el aparato productivo no muestra señales de una acelerada recuperación, las condiciones del entorno internacional (Guerra Comercial Estados Unidos-China, falta de un acuerdo en torno al BREXIT y tensiones geopolíticas) tampoco se muestran favorables para tales efectos.

· La capacidad de generación de empleo es insuficiente, no sólo por la cantidad de personas que decidieron incorporarse al mercado laboral en el último año (alrededor de 214 mil personas contra 167 mil nuevos puestos), sino porque el ritmo y patrón de crecimiento de la economía es inapropiado. Es decir, no sólo preocupa que la tasa de desempleo abierto sea superior al 10%, sino también la calidad de los puestos de trabajo.

· La disminución en el ingreso promedio, siendo esta una tendencia que se observa desde mediados del 2016 y que se ha acrecentado en el último medio año, asociado precisamente con la calidad de empleo (mayoritariamente informal) que la economía está generando.

Ante este escenario de “luces y sombras”, ¿qué decisiones se podrían tomar? Sin duda, se está bajo un panorama que llama a la prudencia. Lo más probable es que los ingresos que reciben las personas y las empresas no muestren grandes mejoras, pero tampoco se sentirá con fuerza el impacto de mayores precios u obligaciones financieras en sus respectivos presupuestos (debido a la estabilidad en la inflación y tasas de interés); en consecuencia, es un buen momento para revisar con detalle en qué gastamos, qué tan endeudados estamos y qué ahorros podríamos generar.

Finalmente, en el caso de las autoridades de gobierno, es claro que la prioridad en este primer año de la Administración Alvarado Quesada debió ser –tal como efectivamente sucedió– la estabilidad macroeconómica; no obstante, en este momento la invitación es a redoblar los esfuerzos en torno a la llamada “reactivación económica”; en temas tales como simplificación de trámites, formalización del empleo y de la actividad productiva, mayor eficiencia del sistema financiero y mayor claridad sobre el rol que el propio Ejecutivo, en calidad de propietario, desea de la banca pública, entre otros.

Greivin Salazar Álvarez
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*Observatorio Económico y Social, Escuela de Economía UNA.