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Innovación en la pandemia: la otra exponencialidad

Inteligenciaartificial

Jaime García, Director de Proyectos del Índice de Progreso Social e Investigador del CLACDS/INCAE

Al momento de escribir este texto se cuentan en el mundo 3,139,415 personas confirmadas de estar contagiadas por COVID-19; y 218,564 muertes en total, de acuerdo a los datos del Centro de Recursos para el Coronavirus de la Universidad Johns Hopkins. En la región contamos con 190,003 casos, repartidos principalmente entre Brasil con 71 mil, Perú con 31 mil, Ecuador 24 mil y México con 16 mil. Fallecidos en total son 9,871; de los cuales 5 mil son de Brasil, México tiene 1,500, Ecuador y Perú cerca de 900 cada uno.

La mayoría de los países, continúan sus esfuerzos para aplanar la curva de contagio y evitar el colapso de los sistemas de salud; para esto han aplicado medidas tales como cierres de fronteras, cierre de lugares públicos, prohibición de reuniones masivas, cuarentenas y medidas de distanciamiento social, restricciones a las actividades económicas (centros comerciales, restaurantes, hoteles, etc.), modalidades de teletrabajo, suspensión de clases presenciales en las escuelas y colegios, entre otras. Y algunos también ya están preparando sus estrategias para iniciar paulatinamente la reactivación económica y social coexistiendo con el virus hasta que se tenga una cura o vacuna.

Pero más allá de la acciones que vienen del gobierno, también se han visto iniciativas del sector privado y ciudadanía que han venido a sumar y a mejorar la respuesta de los países y ciudades ante esta crisis global. Muchas de estas iniciativas tienen un componente tecnológico y han hecho la diferencia en el control de la pandemia, como en Corea del Sur, un país que hoy anuncia su primer día sin casos nuevos por primera vez desde hace más de dos meses, a pesar de llegar a tener 10,765 casos confirmados y 247 , muertes. En este país las aplicaciones móviles para diagnosticar, soluciones de telecomunicación para rastrear casos, la innovación en el desarrollo de kits para hacer pruebas, y otras tecnologías han sido parte del éxito en el control del COVID-19.

Y es que si bien el término exponencial en los últimos días ha estado más relacionado con la tendencia de crecimiento del virus. No debemos olvidar que las tecnologías de la cuarta revolución industrial presentan rendimientos marginales crecientes; en otras palabras, también tienen este comportamiento exponencial, lo que les ha permitido que al final del 2020, más personas en el mundo tendrán un teléfono celular que acceso a electricidad o a instalaciones sanitarias. Pero también esta exponencialidad ha significado un aumento en la potencia, capacidad y menor precio de las nuevas tecnologías, permitiendo que hoy prácticamente todo se pueda hacer visible, social y medible.

Esta capacidad y alcance de las tecnologías exponenciales o de la cuarta revolución industrial se han hecho presentes en iniciativas, productos y tendencias alrededor del mundo para enfrentar la pandemia y sus impactos. Las variantes de respuesta tecnológica ante el COVID-19 han sido muchas y diversas como:

· Información en tiempo real y datos abiertos

· Digitalización y socialización de los planos para construir respiradores

· Impresión 3D de mascarillas

· Aplicaciones de rastreo epidemiológico y vigilancia de síntomas

· Plataformas de enseñanza en línea

· Biotecnología para hacer pruebas rápidas

· Inteligencia artificial para identificar y atender posibles contagiados

· Uso intensivo de redes sociales para compartir medidas sanitarias y económicas

· Dinámicas de teletrabajo

· Gobierno digital y trámites digitales

· Telemedicina

· Robots y drones que limpian y desinfectan

El desarrollo de estas soluciones tecnológicas no han estado centralizadas en un solo país o región, han surgido en Europa, Asia, o América; han sido creadas por empresas grandes como Google o Apple, pero también startups, movimientos ciudadanos tecnológicos como los makers, centros de estudio o universidades. Estas respuestas son un ejemplo que el contar con habilidades digitales en la población, tener reglas del juego o marcos normativos flexibles, y facilitar el trabajo colaborativo, multisectorial y multidisciplinario son condiciones necesarias para generar una sociedad resiliente y capaz de responder en periodos de crisis.

En la región de América Latina no nos hemos quedado atrás en términos de soluciones e iniciativas tecnológicas, pero ciertamente contamos con menores condiciones tecnológicas e institucionales para poder tener el volumen de soluciones e impacto que han tenido estas intervenciones en otras regiones, existe una brecha digital que hay que cerrar y una economía digital que todavía tiene que despegar. Si vemos los datos del Índice de Competitividad Global 2019, específicamente los pilares de adopción de tecnologías de la información, capacidad de innovación y habilidades en la población, la región tiene resultados mixtos, Uruguay ocupa el lugar 14 a nivel mundial en adopción de tecnologías, seguido por Chile y Costa Rica pero que ocupan los lugares 56 y 63 respectivamente, entre los 141 países que mide el Foro Económico Mundial. En capacidad de innovación el mejor posicionado es Brasil en el lugar 40, seguido de México en el 52 y Chile en el 53. Y en habilidades de la población el mejor es Argentina en el lugar 31, Chile en el 47 y Costa Rica en el 51.
Al ver las condiciones en la que se encuentra la región y los riesgos globales a los que nos enfrentamos las expectativas no pueden ser muy optimistas; sobre todo por que los líderes de la región siguen sin actualizar sus discursos, sus diagnósticos y sus políticas. Se siguen discutiendo los problemas del siglo XXI cómo si todavía estuviéramos en las dinámicas del siglo pasado. Pero como hemos visto, la tecnología de la cuarta revolución industrial traspasa los sectores tecnológicos o industriales y se convierten en herramientas de resiliencia social para enfrentar crisis globales como esta pandemia; y sin duda serán determinantes al plantear la nueva normalidad en el mundo post COVID-19.

Como dice el Prof. Schwab, la cuarta revolución industrial puede comprometer y denigrar los fundamentales de la humanidad, entiéndase trabajo, comunidad, familia e identidad; o puede elevar a la humanidad a una nueva conciencia colectiva y moral basada en un sentido de destino compartido. Hoy ese destino compartido es una crisis global en la que todos estamos expuestos pero en el que la tecnología exponencial nos ayuda en esta lucha contra el COVID-19.