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Existe espacio para bajar tasas de interés

Colonesweb

Fernando Rodríguez Garro

*Observatorio Económico y Social, Escuela de Economía UNA.

Durante los años previos existió una preocupación importante relacionada con la posibilidad de que el deterioro fiscal empujara a las tasas de interés internas al alza, convirtiendo la situación fiscal en un problema económico general y, eventualmente, frenando el crecimiento, aumentando el costo del endeudamiento de las personas y empresas, incrementando el desempleo y con ello también la pobreza. No obstante, a la fecha ese escenario no se ha presentado, en parte por una mejora relativa de la situación fiscal en 2016, que cerró con un déficit fiscal (5,2% del PIB) menor al de los tres años previos, y a un manejo de tesorería en el 2017 que garantizó el financiamiento del faltante financiero a pesar de las restricciones existentes de liquidez.

Luego de que en el 2017 el déficit volviese a incrementarse, para el 2018 se preveía que la situación se podría complicar, producto del incremento de las tasas de interés oficiales en los Estados Unidos, además de que el financiamiento del déficit en el país se haría más difícil, porque el tamaño de la deuda crecía y se esperaba que dicho faltante fuese aún mayor. Asimismo, la caída en la confianza sobre la situación del país se hizo evidente en octubre y noviembre de 2018, cuando las personas empezaron a dolarizar más rápidamente sus activos financieros, presionando el dólar al alza y obligando al Banco Central a intervenir de forma importante.

No obstante, el déficit de 2018 finalmente fue menor al previsto, producto de los primeros resultados de la reforma fiscal aprobada en diciembre de ese mismo año. El dólar redujo su valor, empujado por un efecto estacional que se produce al cierre de cada año, aunque después de eso no ha mostrado presiones descontroladas al alza. La Reserva Federal incrementó su tasa de fondos federales, pero ese aumento no tuvo mayor efecto en otros instrumentos de inversión de ese país e internacionales, en la medida que se considera que otros ajustes en las tasas deberán esperar. Es por lo anterior, y considerando otros argumentos, que el Observatorio Económico y Social plantea la posibilidad de revisar las tasas de interés, a fin de permitir una eventual reducción en las mismas.

En detalle, nuestro análisis se centra en la evolución de las siguientes variables:

1. La economía costarricense está en uno de sus puntos más bajos en cuanto a crecimiento desde finales del año 2013, cuando el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) alcanzó un nivel similar al actual. Si bien el Banco Central ha señalado que el mes de enero marca un final de la desaceleración económica y un proceso de recuperación, la economía nacional está creciendo muy por debajo de su potencial y por eso no se vislumbran presiones importantes de demanda agregada.

2. A pesar del efecto directo que el aumento del tipo de cambio tuvo en la inflación en octubre y noviembre, la reducción en el valor de la moneda estadounidense, así como una seguidilla de reducciones en el precio de los combustibles, llevó a que la inflación interanual cerrara en el nivel mínimo del rango meta del Banco Central en diciembre de 2018 (2,03%), mientras que en enero y febrero de 2019 la inflación interanual se mantuvo por debajo de ese rango (1,67% y 1,54% respectivamente). Aunque en el corto plazo se pueda revertir alguna reducción en el precio de los combustibles, no se esperan aumentos importantes en el precio internacional del petróleo, producto de la desaceleración económica mundial. Por el momento la única presión inflacionaria que podría sostenerse es algún impacto importante del fenómeno de El Niño en la producción agropecuaria, no se esperan presiones inflacionarias adicionales que sean significativas.

3. Los principales organismos internacionales prevén una desaceleración de la economía mundial, producto de la interacción de varios factores, particularmente el impacto de la guerra comercial entre China y los Estados Unidos, el fin del impulso fiscal en este último país, el efecto del Brexit en la economía británica, el freno en la actividad económica de algunas economías europeas (principalmente Alemania e Italia) y los efectos de las situaciones vividas por algunas economías en desarrollo durante el 2018, particularmente Argentina y Turquía. El Fondo Monetario Internacional, en el marco de las reuniones del Foro Económico Mundial en Davos, presentó en enero del 2019 las siguientes estimaciones corregidas del crecimiento mundial para los años 2019 y 2020:

En casos en los que no hay correcciones importantes en las previsiones de crecimiento, ya de todos modos las proyecciones de expansión económica para el año 2020 son menores a las de 2019, lo que ya implicaba desde antes una previsión de reducción en el crecimiento. En el caso del Reino Unido, por ejemplo, aún queda por verse si la falta de un acuerdo en torno al Brexit y la decisión reciente de postergar la eventual salida de la Unión Europea, producen más movimientos en la economía británica.

Un menor crecimiento de la economía mundial en el año 2020, particularmente en el caso de los Estados Unidos, reducirá la demanda futura de nuestros productos de exportación y hará más difícil la recuperación económica que el país requiere.

4. En razón del punto anterior, los aumentos previstos de las tasas de interés en el mundo para este 2019 ya no se darán o al menos verán sensiblemente reducido su ritmo de ajuste, lo que reduce la presión sobre las tasas de interés locales. En un comunicado emitido por el Banco Central Europeo el 24 de enero, se señalaba lo siguiente: “El Consejo de Gobierno espera que los tipos de interés clave del BCE se mantengan en sus niveles actuales al menos hasta el verano de 2019 y, en cualquier caso, durante el tiempo que sea necesario”. En el caso de la Reserva Federal, el Presidente de la Junta de Gobernadores de ese organismo, Jerome Powell, señaló en enero del 2019 que los argumentos para un ajuste adicional de las tasas de interés se habían debilitado, lo que redujo sensiblemente la percepción entre los analistas en Estados Unidos de que el aumento de tasas anunciado el año anterior se sostendría. Incluso las tasas de interés internacionales a corto plazo en dólares dejaron de subir y en el caso de la LIBOR a seis meses se redujo hasta niveles de octubre del año anterior:
5. La situación fiscal del país, si bien aún no alcanza condiciones de sostenibilidad de largo plazo, no mostrará más deterioro en el corto plazo, producto de ingresos tributarios adicionales por el orden del 0,5% del PIB que entraron a las arcas públicas entre diciembre del 2018 y marzo del 2019, como consecuencia de la amnistía tributaria, a lo que debe sumarse el efecto de la reforma tributaria que empezará a regir en julio del 2019 y que sumará ingresos adicionales durante el segundo semestre. Ciertas medidas aprobadas en la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas vendrían a ayudar a contener el crecimiento de algunos gastos corrientes, aunando esfuerzos por lograr una mejor posición fiscal en el corto plazo.

Tomando en consideración estos aspectos, y ante la necesidad de impulsar un mayor crecimiento de la actividad económica, el Observatorio Económico y Social plantea la necesidad de hacer una revisión de los niveles actuales de tasas de interés de política monetaria fijados por el Banco Central, así como las tasas de los instrumentos de inversión ofrecidos por el mismo Banco, para llevarlos a los niveles existentes a inicios del 2018 e incluso antes de eso. Mejorar la posibilidad de acceso al crédito para personas y empresas, así como cambiar las expectativas de evolución de las tasas de interés en el futuro, podría ayudar a reactivar la inversión privada y el consumo de bienes duraderos, lo que vendría a contribuir con un impulso importante al crecimiento, el empleo e incluso la recaudación de impuestos, sin poner en riesgo el cumplimiento del objetivo central del propio ente emisor, como es el control de la inflación.