Mar04242018

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La institucionalidad como el motor de la industria audiovisual

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Las empresas audiovisuales son un bicho raro dentro del mundo empresarial. Padecen los vicios y las virtudes de otras empresas que viven en medio de dos mundos, como las empresas de videojuegos. Son empresas culturales y artísticas de base tecnológica y de innovación. Esto juega a favor y en contra de ellas.

Muchas veces, estos emprendimientos no tienen la madurez necesaria para establecerse como una empresa consolidada, aunque su parte creativa esté en pleno desarrollo. Llevar un emprendimiento a buen puerto es una tarea complicada y difícil, y lo es aún más para un gremio que normalmente, no tiene formación en administración.

Los malabares que hace el artista para desarrollar su arte a la vez que trata de mantener a flote su emprendimiento, no siempre termina bien. La unidad de economía del Ministerio de Cultura ha generado talleres y capacitaciones a la comunidad artística para sus emprendimientos puedan, no solo surgir, sino mantenerse en el tiempo. Por eso, aún con tanta ayuda, es difícil de que los emprendimientos culturales sepan de las bondades que el gobierno corporativo puede hacer por sus negocios.

Aprovechar las leyes hacendarías para el sector (si es que la ansiada Ley de Cine y Audiovisual prospera en la Asamblea Legislativa), le da a las empresas audiovisuales, las herramientas para empezar a mover la política nacional hacia la dirección que queremos. Ofrecerle al inversionista incentivos por fondear proyectos audiovisuales, dilución de pasivos a lo largo de cinco períodos fiscales, escudos fiscales por donaciones son algunas de las propuestas de esta ley. Pero, si además la empresa se certifica junto con otros requisitos ante el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones (MICITT), el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) y Educación, puede generar los incentivos necesarios para darle al inversionista un paquete de incentivos que puede ser la diferencia entre tener un emprendimiento a tener una empresa.

El talento es la mitad del trabajo, la administración correcta y a tiempo es la diferencia. Es aquí cuando la figura del productor toma relevancia dentro del entramado del quehacer audiovisual (5). Ser un buen productor implica hacer un producto audiovisual no solo realizable, sino también rentable. Si bien es cierto que no puede haber una película sin director, lo cierto es que no habría industria sin el productor. Entender estos roles y desarrollar un poco de ambos es la clave para que las empresas audiovisuales despeguen fuerte y se mantengan en alto.

Todo proceso productivo tiene altos y bajos, ventajas y desventajas. Es realmente importante que el gremio audiovisual utilice todas las herramientas que los diferentes actores del desarrollo empresarial y cultural le brindan para poder desarrollar la industria.

CAIAC, como capítulo de la Industria Audiovisual, está constantemente en la búsqueda de opciones para los asociados en cuanto lo que el gobierno corporativo y desarrollo de negocio se refiere. Precisamente por eso las empresas ahí representadas entienden que el valor del sector reside en su unidad, en los esfuerzos por obtener lo mejor posible para todos juntos. Si usted es un actor del sector audiovisual y quiere conocer más sobre gobierno corporativo, acérquese, pregunte y colabore, porque esas herramientas están ahí para ser usadas y fueron creadas no para una empresa, sino para todo un sector.

¿Quién quita un quite? Puede que ese emprendimiento despegue cuando vea las ventajas a las que tiene derecho.